El Hombre del Sudario de Turín

 

 

 

 

  Jesús ha confirmado que el Santo Sudario de Turín es auténtico; "Es la sábana que me cubrió". Pero ¿qué información nos entrega el estudio del Santo Sudario?

 

  El Hombre del Sudario lleva barba y bigote, y su cabello, que cae a la altura de los hombros, está peinado con raya en medio. Es musculoso y bien proporcionado, y bastante alto (1,85 m) para un hombre del siglo I (época de la muerte de Jesús) En la tela se perciben manchas de color rojo oscuro, sangre de tipo AB (según últimas investigaciones), que muestran diversas heridas a saber:

 

 

  - Una gran herida circular en una al menos de sus muñecas (la otra queda oculta por la disposición de las manos), como si hubiera sido perforada. El doctor Barbet ha establecido que el clavo atraviesa la muñeca por el espacio de Destot, y se sitúa entre los huesos del carpo y el ligamento anular anterior, donde se puede sostener el peso del cuerpo.

 

  - Otra herida en el costado, también por perforación. Varias heridas más alrededor de la frente y parte posterior de la cabeza. Señales que asemejan latigazos en las piernas y el torso. Todo el cuerpo está cubierto de heridas de pequeño tamaño, iguales y semejantes a bolas de 3 cm., coincidentes con las que produciría el flagelo romano flagellum taxillatum. Rostro contusionado, hinchado , con ruptura del cartílago nasal y torcedura de la nariz. Manchas de sangre.

 

   

  El Hombre de la Síndone es una imagen tenue y muy detallada de un varón adulto de un metro ochenta y cuatro a ochenta y siete centímetros de estatura, de constitución fuerte, musculoso, entre 30 y 35 años de edad, con un peso de unos 80 kilos, con rostro semítico de larga cabellera y con barba, de manos y pies largos y delgados con las huellas dejadas por un casquete completo de espinas y no una corona como se pensaba; además de una serie de detalles que han permitido corroborar el relato bíblico de la crucifixión.

 

  La imagen coincide con la descripción del cuerpo inerte de Jesús de Nazaret después de haber sufrido la crucifixión. Los evangelios hablan de una tela o lienzo en el que fue apresuradamente envuelto Jesús tras su muerte, el Viernes Santo, para no romper con el descanso sabático judío. Los judíos fajaban a los cadáveres con vendas, como a Lázaro. Pero con Cristo no tuvieron tiempo, pues murió a las tres de la tarde y había que terminar la sepultura antes de que se pusiera el Sol, pues entonces empezaba el día festivo con prohibición total de cualquier trabajo.

 

  La Síndone muestra el tormento de un varón joven, con rasgos propios del grupo racial judío. La sangre corresponde al grupo AB, el más frecuente entre los hebreos.

Se trata de un hombre que sufrió hematidrosis (sudor de sangre), grandes magulladuras en las rodillas, y fuertes excoriaciones en la espalda. En la imagen se aprecian un mínimo de 120 golpes con un látigo de tres cuerdas terminadas en bolas de acero. El rostro presenta tumoraciones, con grandes golpes y arrancamiento de parte de la barba. Fue coronado por un casquete de espinas, de las cuales se aprecian 33 orificios. Se han podido contar en total más de 600 heridas y contusiones en todo el cuerpo. Todas ellas fueron producidas en vida, a excepción de una gran herida en el costado derecho, que tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana; la lanzada llegó a la aurícula derecha del corazón.

 

  El cartílago de la nariz aparece roto y desviado a la derecha. Podría deberse a una caída, pues se han encontrado en ella restos microscópicos de tierra de las mismas características físicas que la de Jerusalem, así como en la rodilla izquierda y las plantas de los pies.

 

 En el lado derecho del rostro aparece una gran contusión. Los especialistas afirman que sería producto por el golpe de una barra corta y redonda de entre 4 y 5 centímetros de diámetro. En el resto de la cara aparecen diversas excoriaciones especialmente en la mejilla derecha y la frente. En las regiones que rodean los ojos y cejas, hay llagas y contusiones iguales a las que producirían puñetazos o palos. La ceja derecha está claramente inflamada.

 

La frente muestra más de 50 pequeñas y profundas heridas que evidencian la aplicación de una corona de espinas. Las manchas más grandes coinciden exactamente con venas y arterias reales. 

 

A lo largo de todo el cuerpo, con especial claridad en la espalda pueden verse marcas idénticas a las que dejaría el instrumento que utilizaban los romanos para flagelar a un reo: el Flagrum taxillatum (objeto que no se usaba en la edad media, (época que algunos han señalado como origen de la sábana) y que se conoce en nuestros días por haber sido encontrado en excavaciones arqueológicas). El profesor Bollone ha podido contar más de 600 contusiones y heridas en todo el cuerpo y se cuentan las marcas de los azotes en unos 120. (Al estilo romano, pues los judíos no daban más de 40).

 

Las excoriaciones oblicuas de la espalda se corresponden al hecho de portar un madero análogo a una traviesa de ferrocarril, y a que el Hombre cayó bajo el peso de este "patibulum".

 

La herida del costado tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana: 4.4 cm x 1.4 cm. (según expertos en historia de Roma, el hecho de estar en el costado derecho se explicaría por la práctica romana de dar este golpe a un enemigo que protege su corazón con el escudo que lleva en la izquierda).

 

 

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